HISTORIA. CALLE MAYOR

Viaje de cinco integrantes a Logroño (I)
Septiembre de 1996

El curso 96-97 ha entrado de golpe y queremos empezar aclarando algunas cuestiones sobre un tema que nos parece poco agradable, pero que es necesario zanjar. Se trata del artículo que escribimos en Calle Mayor el mes de junio y la contestación del Ayuntamiento el mes siguiente. En este último artículo se asegura que los presupuestos fueron aprobados por el pleno de la Corporación el día 28 de febrero. En el Ayuntamiento se encuentra el acta de la sesión ordinaria de la junta de Gobierno del 15 de abril donde figura que las subvenciones de los grupos culturales fueron votadas ese día.

De esta información y de la que recibimos verbalmente es de la que disponíamos cuando escribimos las páginas del mes de junio, ambas pertenecen a fechas posteriores a la tomada como referencia en el polémico artículo. En la actualidad (septiembre de 1996) aún no hemos recibido ni un duro de lo prometido y también tenemos que mantener alguna familia.

Es cierto que utilizamos un local municipal para los ensayos y, con frecuencia, pero no siempre que la necesitamos, la fotocopiadora del Ayuntamiento. Por eso expresábamos hace tres meses que la voluntad del Gobierno municipal parece buena, pero insuficiente; hay que dar a la cultura más importancia, es decir, la que se merece.

No creemos haber utilizado expresiones faltas de todo respeto hacia nadie, lo que pasa es que las críticas duelen y más cuando provienen de unos "críos" como nosotros. Notamos que ciertas partes de la aclaración que hace el Ayuntamiento suenan a regañina y a tirón de orejas paternal. Para rematar el asunto, diremos que el respeto es algo que no se puede negar al mérito, pero hay que ganárselo.

Pasando a un tema más entretenido vamos a relatar el viaje de cinco componentes de la Orquesta de Tudela al trigésimo festival "Música plectro" de La Rioja. Se trata de un ciclo de unos veinte días en el que orquestas de púa de todo el mundo acuden a dar conciertos en Logroño y sus alrededores. La Sociedad Artística Riojana se encarga de la organización de este evento, el más importante de este tipo a nivel internacional.

A las nueve y media de la mañana del día 31 de agosto, nos poníamos en camino de Logroño, por la carretera que conduce a Burgos, los intrépidos aventureros con la intención de conocer el festival y hacer las gestiones oportunas para ser invitados a participar el próximo año. Después de algo más de una hora de camino llegamos a Burgos, parada obligada para conocer sus dos reliquias más famosas universalmente: la catedral y la morcilla. Informados como íbamos del deplorable estado de esa joya de la arquitectura gótica que es el templo burgalés, decidimos acercanos a visitarlo. Allí vimos el edificio enorme con las torres verticales que miran directamente al cielo como cohetes deseando partir hacia el espacio, y el impresionante andamio colocado para la realización de los trabajos de restauración de las torres. Viéndolo da la impresión de que más que poner los hierros para sustentar la catedral se ha construido un bloque de piedra para sostener el andamio. Pasamos al habitáculo lleno de turistas y gozamos de estar rodeados de tanto arte y, sobre todo, de los relieves en algunas paredes. También vimos al famoso "papamoscas", el muñeco que a ciertas horas toca la campana y abre y cierra la boca. Para culminar nuestra estancia en la ciudad del Cid, visitamos en la misma catedral una fabulosa exposición titulada 'La pintura italiana y española de los siglos XVI a XVIII de la catedral de Burgos". Se trata de una docena de cuadros de impresionante belleza y algunas fotografías que muestran el proceso seguido para su restauración. Estará abierta al público hasta octubre, recomedamos a cualquiera que vaya por la ciudad hasta entonces que se de un paseo para admirar el conjunto de obras pictóricas. Al salir recogimos nuestra cámara de fotos previamente confiscada por unas simpáticas azafatas a las que retratamos para no irnos de vacío.

De nuevo en la carretera, dirección Logroño, decidimos hacer otro alto en el camino para ver Santo Domingo de la Calzada. También fuimos a la catedral donde nos encontramos con la celebración de una boda y con unos gallos que viven allí en una vitrina.

Pocos kilómetros más tuvimos que recorrer para llegar a Logroño. Una vez allí nos dedicamos a buscar la residencia universitaria donde se albergaban los músicos y organizadores del festival. El lugar objeto de nuestro rastreo se llamaba (al menos eso nos habían dicho cuando habíamos llamado a los organizadores días antes) Santo Domingo, pero allí nadie conocía nada que llevara a ese nombre, sino el de San Millán. A nosotros en realidad nos daba igual cómo se llamara el Santo, lo único que queríamos era encontrarla cuanto antes y dejar de dar palos de ciego por la ciudad: Logroño para arriba, y Logroño para abajo, preguntando a todo el mundo que además, la mayoría no era de allí. Tras una hora de "ruta turística forzada", encontramos lo que buscábamos al final de una calle medio escondida de la capital.

A la entrada del albergue había un ventanuco que más parecía una pecera que una recepción, pero el pez había escapado y tuvimos que esperar un rato hasta que llegó una señorita a la que preguntamos por Javier Villar, el principal organizador del evento. El tal Javier Villar no estaba y mostramos interés por hablar con alguien de la organización y nos señaló una puerta que estaba detrás de nosotros. Eran las dos y media de la tarde, cruzamos la puerta en cuestión y nos presentamos como representantes de la Orquesta de Tudela. Un señor con gafas y perilla llamado Restituto Barrios nos hizo pasar al comedor con esta frase: "Pasad a comer, que nos ha fallado gente, no es que os demos de comer, es que nos hacéis un favor".

Nos entregó un programa del certamen a cada uno y añadió: "Comed, comed y luego hablamos". Luego hablamos; esa coletilla de la frase nos gustó porque queríamos preguntar sobre los conciertos que había ese día, sobre alguna actividad paralela a los conciertos y darnos a conocer más a fondo para que consideraran la presencia de nuestra orquesta en futuros festivales.

El sistema del comedor era autoservicio y ante el asombro de los demás comensales que nos miraban como diciendo: "¿Y estos, quién son?" nos aprovisionamos de espagueti y carne guisada con patatas. Durante el avituallamiento intercambiábamos impresiones entre nosotros y hacíamos una reflexión: "no sabemos si conseguiremos venir el próximo año a tocar, pero por lo menos, ya hemos sacado la comida, algo es algo".

Entre rusos, búlgaros, alemanes, españoles y gentes de otras nacionalidades comíamos tranquilamente. Restituto comía cerca de nosotros en una mesa contigua y de vez en cuando se le oía discutir con su compañero de mantel. No estaba de muy buen humor Resti. Aparecieron dos músicos que llegaron tarde a comer y también se sentaron cerca.

Acabados los alimentos, el salón se fue despoblando paulatinamente hasta que nos quedamos solos con gente de la organización y con Resti, a quien esperábamos ansiosos para completar ese "luego hablamos". Tras una interminable hora de espera con "El burro amarrado a la puerta del baile" de la canción, Resti se fue, ignorándonos por completo y dejándonos allí, tirados como colillas y con un soberano palmo de narices, en un lugar que no conocíamos, sin saber qué hacer y con una sensación de ridículo espantosa. De lo que luego sucediera, habrá noticias en próximos numeros de esta revista, pues el artículo ya se alarga más de lo conveniente.

©2004 Orquesta de Pulso y Púa de Tudela de Duero