REPERTORIO
• Rusita,
rusa divina (Katiuska nº 11)
de Pablo Sorozábal
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EL
AUTOR
Pablo Sorozábal
(Murcia 1835-Madrid 1906)
Compositor y director de orquesta español.
Residió diez años en Alemania,
donde estudió composición con
S. Krehl en Leipzig y dirección con
F. E. Koch en Berlín, y compuso varias
obras sinfónicas. Fue director de las
Orquestas Filarmónicas de Bilbao y
Madrid. Sobresale por sus operetas, revistas
y zarzuelas, entre éstas Katiuska (1931),
Adiós a la bohemia (1933), La del manojo
de rosas (1934), La tabernera del puerto (1934),
Black el payaso (1942), Don Manolito (1943)
y Las de Caín (1958). Es también
autor de la ópera Juan José
(1972). Asimismo produjo obras orquestales,
como Variaciones sinfónicas, música
de cámara, piezas para violín,
piano y canto y canciones populares como Maitetxu.
ENLACES
• Entrevista
con el autor
• Argumento
de la zarzuela
• Su
obra en la SGAE
•
Más sobre esta pieza
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En 1931, Pablo Sorozábal estrenó en Barcelona
(Teatro Reina Victoria) su zarzuela Katiuska, en la
que el autor, ya aplaudido como compositor de sinfonías
y obras corales, se reveló como un maestro de
la técnica teatral y consolidó su nombre,
que desde entonces figura en primera línea de
los compositores contemporáneos. En 1932 se estrenó
en Madrid. Es una opereta en dos actos, cuyo texto es
de Emilio González del Castillo y Manuel Martí
Alonso.
La temática rusa y el desenlace casi dramático
provocaron casi tanto revuelo como el hecho de que hiciera
protagonista y héroe a un Comisario del Ejército
Rojo desgarrado entre su amor y sus deberes como bolchevique.
La acción de Katiuska transcurre en la posada
de las afueras de un pueblo de Ucrania próximo
a la frontera con Rumania, a finales del verano de 1918,
cuando el país está inmerso en una guerra
civil. Los bolcheviques han tomado el poder y han impuesto
un régimen que grava con fuertes impuestos a
los campesinos. Como consecuencia, el hambre y la guerra
obligan a muchas personas a abandonar el país.
Pedro Stakof, comisario soviético llega de Kiev,
al pequeño mesón sin identificarse. A
pesar de su fervor revolucionario, él anhela
la paz de un hogar y el amor de una mujer. Anuncia que
el príncipe y otros nobles condenados han escapado
y están ocultos en la zona. El príncipe
Sergio busca refugio en el mesón acompañado
por Katiuska, una muchacha joven que vivía con
su abuela, asesinada por los soviets. Ella fue rescatada
por el príncipe Sergio, que la deja al cuidado
de la dueña de la posada. Una tropa de soldados
del ejército rojo llega buscando bebida. Katiuska,
creyendo que han capturado al príncipe, sale
y es acosada por los soldados. En ese momento llega
Pedro que defiende a la muchacha, amenazando a los soldados,
y los persuade para que se vayan, abogando a su patriotismo.
A medianoche, Pedro aparece con los soldados, trayendo
al príncipe preso. Lo encierran en uno de los
dormitorios y ponen un vigilante. Katiuska recrimina
a Pedro su acción, pero éste defiende
valientemente sus ideales de Bolchevique. Finalmente
admite su amor, pero cuando Katiuska pide a Pedro que
perdone la vida del príncipe y abandone Rusia
con ellos, el comisario se niega a tal proposición.
Los soldados piden la detención de todos los
aristócratas, pero Pedro los contiene, en ese
momento crucial un comisario superior aparece en escena
con refuerzos. Pedro es acusado de traición y
arrestado. Pedro y Katiuska se abrazan, haciendo voto
de no separarse nunca mas.
En lo que pocos críticos repararon, fue en la
brillantez de la arquitectura musical. La transformación
que hizo del material original del folclore ruso da
a su obra gran expresividad sinfónica.
La Orquesta de Pulso y Púa de Tudela de Duero
interpreta la pieza número 11 de esta obra, "Rusita,
rusa divina..." e incorporó esta obra a
su repertorio en el año 2004. Durante años,
también interpretó "Cosacos de Kazán".
La letra de 'Rusita, rusa divina' dice así:
Te acercarás con gran finura.
Muy cerca estoy mucho mejor
Y le echas mano a la cintura,
que es el eje del amor.
Tenla cerca de ti
Muy cerquita de mí.
Y háblale... diciendo así...
Rusita, rusa divina;
eres una deliciosa golosina...
Déjame que te dé mi corazón.
Tómale, muérdele...
Que es un bombón...
¡Rusita, rusa divina;
ven monina, mírame!
Ven junto a mí,
que tu cara me alucina
desde el día en que te vi.
¡Rusita, quiéreme a mí!
No aprietes tanto en tus caricias
Aprieta más porque es mejor
Y aprende pronto las delicias
de los besos del amor.
Tenla cerca de ti
Muy cerquita de mí.
Y háblale... diciendo así...
Rusita, rusa divina;
eres una deliciosa golosina...
Déjame que te dé mi corazón.
Tómale, muérdele...
Que es un bombón...
¡Rusita, rusa divina;
ven monina, mírame!
Ven junto a mí,
que tu cara me alucina
desde el día en que te vi.
¡Rusita, quiéreme a mí!
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