DETRÁS DEL ATRIL
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Todo esto en el hotel. Arriba, la habitación
de Luz, Blanca y Natalia. En el centro, un
momento de la comida. Debajo, Elsa junto a
la entrada del hotel,
con la señal de 'parquin'.

Bego, Pablo, Víctor, Inma, Elsa,
Jesús, Pablo
y Alicia, de paseo por Úbeda.
Pablo, subido en un muro, con los olivos de
fondo.
Alicia y Víctor, en una tienda de recuerdos.
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• El
viaje a Torreperogil
29 y 30 de octubre de 2004
¡De vuelta al sur! Viajamos esta vez un fin
de semana completo hasta Torreperogil, en Jaén.
El viaje bien, gracias. Lo más destacable,
sin lugar a dudas, el gran mono que nos encontramos
en el bar en el que
paramos durante el camino. No era un mono de verdad,
sino uno que estaba dentro de una máquina y
que cuando le echabas dinero se movía. O algo
así. Al final ninguno le echó dinero,
pero vimos al mono moverse.
El mono de mentira se debía mover aunque no
le echaras dinero. Bueno, eso.
Nada más llegar a Torreperogil y bajar del
autobús nos encontramos con que... algo huele
raro. Un olorcillo en el ambiente extraño.
Los olivos de los alrededores impregnaban el aire
de un aroma a aceitillo o algo por el estilo que nos
acompañaría durante todo el viaje. Eso
y el frío. ¿Quién dijo que no
hacía frío nunca en el sur? Ja. En Torreperogil
hace frío. Y en el hotel Casablanca, más.
Fue el lugar en el que nos hospedamos, con la gasolinera
de al lado en obras y un entrañable cartel
de parquin (sic) para indicar donde tenía que
quedarse el autobús.
Reparto de habitaciones. Los hay que tuvieron más
suerte, como Gracia y Aroa (un baño gigante)
y Alicia
e Inma, que se quedaron con la habitación con
calefacción. El resto... Las había diminutas,
como la
de Pablo y Víctor. Para abrir la puerta del
baño había que sacar una silla al pasillo.
Solo el baño de Gracia y Aroa era más
grande que esa habitación. Frío, lo
que
se dice frío, pasamos. Que se lo pregunten
a Jesús, el director.
Para entrar un poco en calor, o algo, bajamos al
comedor para comer. Sopa de caldereta, macarrones
y ensaladilla para elegir. Lo primero no tuvo éxito.
De segundo, ganó por arrolladora mayoría
el pollo que no sabía a pollo. Y de postre
helado, después de que
Pablo tuviera sus más y sus menos con el camarero
para que le diera una pieza de fruta.
Después de comer, los hay que prefirieron
dar una vuelta por el pueblo, otros que se quedaron
jugando
al futbolín y quien se subió a las habitaciones
a ver episodios repetidos de Aquí no hay quien
viva, por Factoría de Ficción. Tampoco
hubo tiempo para mucho más, porque enseguida
fuimos para el auditorio para ensayar. Ensayo pelín
largo y en el que decidimos
que Carmen toreador se caía del repertorio.
Fuera llovía.
Una vez terminada la actuación, de vuelta
al hotel para cenar (muchos descubrieron qué
son los flamenquitos
y otros que si quieres flan sin nata hay que pedirlo
con antelación). Y luego, a dar un voltio por
la noche de Torreperogil. Al Bogart. El bar con el
tío más pesado
de toda Andalucía, como pudieron comprobar
Alicia y Esther. Intentonas hubo de ir a una discoteca,
aunque al final, la cosa quedó en un viaje
errático que devolvió a la mayor parte
de los viajeros al Bogart. El resto, decidió
cerrar antes la noche y volver al hotel.
Al día siguiente, de visita a Úbeda,
ciudad Patrimonio de la Humanidad. Nos dividimos en
varios grupos para visitar el municipio. Álvaro
y Miguel Ángel por un lado. El segundo grupo
estaba compuesto por Inma, los dos Pablo, Jesús,
Víctor, Alicia y Elsa. El resto dieron una
vuelta por Úbeda junto con Mise, de la orquesta
de Torreperogil. Los más pacientes de la jornada,
el grupo de Alicia y compañia, que estuvieron
casi hora y media hasta que les terminaron de servir,
con lo que casi casi tienen que volver corriendo hasta
el autobús. Eso sí, consiguieron ver
una boda "rociera"... (o al menos ver cómo
el coro cantaba a la salve a los novios) y hacerse
fotos con los olivos de fondo, mientras Inma visitaba
una iglesia. Dice que muy chula. Nadie más
puede corroborar sus palabras.
En el viaje de vuelta, los dos Torrentes en el vídeo.
Glups.
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